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| EL ARTE DEL TÉ |
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Información de los productos > Historia del Te EL ORIGEN DEL TÉ
El té es una bebida legendaria que cosecha cada vez mas seguidores en todo el mundo. De hecho, su popularidad ha crecido tanto en los últimos dos mil años que actualmente su consumo sólo es superado por el agua.
Alguien dijo que " el té carece de la arrogancia del vino, del individualismo del café y de la inocencia del cacao". Sea en infusión, como batido o en las recetas culinarias, el delicioso y delicado sabor de esta planta es capaz de sorprender al gourmet mas exigente. Este tesoro para la salud y el paladar estuvo celosamente custodiado por los emperadores durante muchos siglos, hasta que los intrépidos mercaderes Holandeses y Británicos empezaron a importarlo a Occidente.
Los primeros documentos que hacen referencia al té datan del período que va entre los siglos VII y VI a.C. Los pobladores de la China ancestral cantaban en esa época las excelencias del Tu, nombre que recibían un grupo de plantas entre las que estaba el té que conocemos hoy.
Entre los años 206 a.C y 221 a.C., durante la dinastía Han, la mejora en los métodos de recolección de la hoja de té y su posterior preparación hizo que esta bebida fuera consumida por la familia real. Su prestigio en los círculos nobles fue en aumento, llegando a su apogeo en la época de los Tres Reinos ( 221- 277 d.C), cuando el té sustituyo al vino en los banquetes de la corte.
El pueblo llano tardaría todavía cinco siglos en conocer las bondades de esta virtuosa planta, ya que no fue hasta en el reinado de la dinastía Tang, del 618 al 907 d.C., que el té se erigió en la bebida nacional de China. La fama del té se extendió por todos los rincones de China gracias a las caravanas de comerciantes que surcaban el país. En el 705 d.C., la Camelia Sinensis cruzó por primera vez fronteras y fue introducida en Japón por el monje Dengyo Daishi. En la misma época, el té llegaría al Tibét con gran éxito. Se preparaba hirviendo pastillas de té prensado que luego se mezclaban con mantequilla y sal. No fue hasta principios del siglo XX que se impuso el consumo en forma de infusión, aunque todavía hay muchos tibetanos que prefieren tomarlo a la manera tradicional.
MAS ALLÁ DE CHINA
El té había empezado a cruzar fronteras a principios del siglo IX, cuando los primeros cargamentos llegaron por barco a Corea y Japón. Allí, un monje budista llamado Yesai publicó en 1191 el primer libro Japones dedicado al té. En ambos países empezó a cultivarse té en las zonas húmedas y montañosas, y sus habitantes conocían las propiedades terapéuticas de la infusión esmeralda. Los monjes zen incorporaron el té a la rutina del templo, como aliado de las meditaciones que se prolongaban durante todo el día.
Sobre el maridaje entre el budismo y el té, la leyenda cuenta que un príncipe indio llamado Drama había decidido consagrar su vida a la oración. Después de abandonar su tierra, empezó a peregrinar en dirección a China y Japón. Agotado por las duras jornadas de viaje, le invadió un sueño profundo junto a la orilla de un rió y se quedo dormido por largo tiempo. Al despertar se sintió horrorizado por su laxitud y se impuso su severo castigo para no volver a sucumbir al sueño: se corto los párpados y los entero en el sitio donde se había dormido. Muchos años después en el camino de regreso al hogar, pasó por el mismo lugar y descubrió que allí donde había enterrado los párpados crecía un extraño arbusto. El religioso mascó algunas hojas y advirtió que ayudaban a mantener su mente despierta. Desde entonces, todos los monjes zen cultivan té en el jardín del monasterio.
Independientemente de sus virtudes curativas, los nobles japonese incluyeron el té en sus reuniones sociales. Acababa de nacer el Cha no yu, la ceremonia del té, un delicado y exigente ritual - durante unas cuantas horas - para el que los anfitriones adquirían los utensilios mas preciosos.
EL TÉ LLEGA A OCCIDENTE
La primera noticia de la existencia del té en Occidente data del año 851 de nuestra era. La consignó un mercader árabe de nombre Suleimán en su libro Relaciones de la China y de la India, donde lo definía como " una hierba perfumada y de sabor agrio que se toma en Oriente con agua hervida".
Aparentemente los occidentales no volvieron a saber de esta infusión hasta 1592, cuando el veneciano Giambattista Ramusio relató en su libro Navigazione e Viaggi la existencia de una planta en Oriente que "calma los dolores de la gota, además y de garantizar el buen funcionamiento del estómago". Y también los misioneros jesuitas visitaron china y Japón en el siglo XVI y hablaron de una planta de sabor dulce que los nativos llamaban Chai.
LA COMPAÑIA DE LAS INDIAS ORRIENTALES
En el siglo XVII las potencias europeas pugnaban por hacerse con nuevos mercados en Asia. Dentro de este proceso, la holandesa Compañía de las Indias Orientales llevó en 1606 el primer cargamento de té a Europa. Posteriormente los barcos de la inglesa East India Company se hicieron con el monopolio del té y empezaron a distribuirlo por Francia, Alemania y Portugal, además de Inglaterra. en 1657 se abrió el primer salón de té en Londres, en cuyo piso superior se llevaban a cabo transacciones financieras con esta planta. Pero el té se popularizo en Inglaterra unos años mas tarde, cuando el rey Carlos I se casó con Catalina de Berganza, gran aficionada a esta bebida.
La infanta portuguesa aportó como dote el puerto de Bombay, uno de los mas relevantes en el comercio marítimo entre Asia y Europa, y que llegó a ser clave en el comercio del té entre ambos continentes. La infusión empezó a servirse en la corte, y durante el siglo siguiente se convirtió en la bebida mas popular en Inglaterra, por encima incluso de la cerveza y la ginebra.
En 1834, la East India Company perdió el monopolio del té tras una resolución del gobierno británico. Con la libre competencia entre compañías, el quid de la cuestión era la rapidez de las naves, con lo que los grandes barcos dejaron paso a embarcaciones pequeñas y ligeras: los denominados clippers. Esto produjo verdaderas competencias para llegar a puerto y vender así a mejor precio, con toda clase de incidentes y aventuras en alta mar, pues por término medio la ruta Occidente - Oriente se cubría en 10 días. La costumbre de añadir leche al té - tan arraigada en Inglaterra - la introdujeron los holandeses a principios del siglo XVII y de ahí pasó a Francia y a Inglaterra. En Japón o China nunca leche al té por que consideran que estropea su sabor, impide ver el color original de la infusión y disfraza su olor.
Hasta principios del siglo XIX, el té se tomaba a cualquier hora del día. Se atribuye la creación del británico Afternoon tea, el té de las cinco, a la Duquesa de Bedford, quien tras tomarlo una tarde junto con un tentempié lo encontró tan delicioso que instituyó este ritual con sus amistades.
LA EXPANSIÓN DEL TÉ
En 1810 los chinos empezaron a cultivar té en la Isla de Formosa, en el actual Taiwán. Una década mas tarde, el mayor Robert Bruce y su hermano descubrieron en Assam, al nordeste de la India, grandes matorrales de té que crecían naturalmente e instauraron la industria del té en la entonces colonia británica, que pronto incluyo la región de Darjeeling.
En otras latitudes llegó de una manera mas azarosa. En Ceilan, actual Sri Lanka, el cultivo intensivo de té vino propiciado por una plaga en los cafetales, entonces era el segundo productor de café del mundo, que asoló todas las plantaciones de la isla.
En cada país el té ha tenido una implantación diferente, con numerosas variaciones locales. Los magrebíes, por ejemplo, que heredaron el té de los ingleses, tienen como bebida nacional el té a la menta. Se sirve en un vaso de cristal con bastante azúcar, acompañado de pastelitos de miel. El protocolo establece que el anfitrión debe tomar un mínimo de tres vasos de té, de los cuales el último es mas fuerte que los precedentes.
En 1900, con la inauguración del transiberiano, el té dejó de transportarse en camellos de Pekín a Rusia. Y cuatro años mas tarde, Richard Blechyden presentó en la Exposición Universal de San Louis un refrescante invento: el té helado.
LA CEREMONIA DEL TÉ
Al comenzar la ceremonia, se toma primero un "dulce húmedo", a menudo de tipo gelatinoso, y después uno seco; ambos se comen con un pincho y sobre una servilleta de papel. Otras veces, dependiendo del tipo de ceremonia, se sirve en pequeños cuencos de sopa, pescado hervido, algunos vegetales, arroz y para finalizar dulces. Para acompañar, y entre plato y plato, se beben unas copitas de sake. Por lo general, los comestibles deben ser fríos en verano y calientes en invierno. Los invitados no están obligados a comer nada si no lo desean; pueden rechazar los platos libremente sin el temor de que el anfitrión pueda sentirse ofendido. Los cánones recomiendan, eso si, que los alimentos una vez servidos sean consumidos totalmente.
El té se termina y el bebedor seca el cuenco con una servilleta de papel y lo vuelve hacia bajo para así poder examinar mejor su diseño y la marca del artesano que lo ha realizado, si la tuveria. La cermonia prosigue de la misma manera con el resto de los invitados.
Después viene la contemplación de la caja del té y el resto de los objetos utilizados. El invitados de honor hace algunas preguntas, como " ¿Que tipo de caja es esta?", y otras referentes a su proveniencia y realización. Para terminar, el anfitrión guarda todos los utensilios en una especie de alacena, o en algunos casos una pequeña habitación de la casa de té, llamada Mizuya. Después intercambia reverencias con cada uno de los invitados, mientras éstos se van marchando.
Toda la ceremonia se lleva a cabo en el mas absolutos silencio. Sólo se oye, como dicen los expertos, los tres sonidos del té. El primero es el "click" de la tapa de la tetera. El segundo es el del roce del cuenco del té en la estera del suelo de la casa; y el tercero es el "click" que hace la cuchara de té en el cuenco.
Los gestos y movimientos que se realizan durante la ceremonia están rigurosamente prescritos. La verdad es que es difícil describir todas y cada uno de éstos, y hace falta ser un maestro o estar muy familiarizado con ellos para poderlos realizar correctamente.
La hora mas apropiado para el Cha-no-yu es a mediodía, también se suele realizar por la tarde y en verano incluso por la noche.
La armonia es como las personas y la naturaleza. El vapor de agua hirviendo es como el flotar de las nubes. El sonido del agua es como el viento a través de los árboles. La ceremonia del té es el camino por el cual el hombre se acerca a una mayor armonia con la naturaleza. El objetivo de la cermonia es capturar este momento. La consecuencia inmediata de beber el té es para satisfacer la sed, pero también satisface la sed de saber, la verdad y la tranquilidad.
Los invitados nos limpiamos por medio de los cinco sentidos. Al llegar a la casa, el sonido del agua hirviendo y el tintineo del cucharón nos recuerda el silencio exterior, y nuestro sentido del oído se limpia. Vemos las flores y nuestra vista se limpia. Tocamos los utensilios, palpamos la transformación de la mera arcilla transformada en objetos bellos, y nuestro sentido del tacto se limpia. El aroma de las flores y el incienso limpia el olfato y el té el sentido del gusto. Cuando los cinco sentidos están limpios, nuestro interior también está limpio.
La tranquilidad es lo mas importante. Significa vivir con las otras personas y respetarlas. Entonces sientes la tranquilidad y la paz de la mente. Aceptar quién eres; puede que no seas listo o guapo, pero eres único. Este es el verdadero sentido de la tranquilidad.
Como pequeña ayuda, y para aclarar todo un poco, señalamos a continuación de forma resumida todos y cada uno de los pasos que deberá seguir en caso de que quiera realizar la ceremonia del té en su propia casa:
1) Lleve por separado a la :
a. El recipiente del agua b. El cuenco de té, la cuchara de té y la caja de té c. El cacharro para el agua sucia y el cucharón para el agua caliente 2) Limpie:
a. La cuchara de té b. El cucharón 3) Coja un trapo o servilleta del cinturón y póngalo en el cacharro para el agua sucia. Destape la tetera y póngala sobre su base.
14) Llene el cuenco de té con un cucharada de agua caliente; vuelva a poner el cucharón en la tetera.
17) Vuelva a ponerse la servilleta en la cintura
21) Recoja el cuenco de té y séquelo con el trapo.
23) Coja una cuchara de agua fría del recipiente.
24) Vierta esta agua en el cuenco de té y lave el batidor.
37) Vuelva a la sala y haga una reverencia a los invitados desde el umbral de la puerta.
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